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La Esgrima Antigua: un Arte Marcial.

Imagen de Alberto Bomprezzi

Hace ya unos años, cuando teniamos web pero no habia aún blogs tuvimos durante un tiempo en la sala de 3C, compartiendo entrenamientos con nosotros a Sergio Torres, 4º dan de aikido y un gran artista marcial. Cuando nos dejó nos regaló un articulo sobre la identidad de nuestra actividad, escrito desde la perspectiva de alguien con una larga y reconocida experiencia en un arte marcial que no es el nuestro y sin duda por eso, me parece a mi que tiene más valor.

En ese momento, no obstante, yo sentí que la actividad era tan joven, tan pequeña y nosotros tan inmaduros que sus reflexiones no iban a aprovecharnos de forma adecuada. Muchas cosas han cambiado y aunque el camino a recorrer es enorme, creo, honestamente, que ahora estamos mejor preparados emocionalmente para valorar sus reflexiones que entonces, que enfrascados en la construcción del método no nos preocupabamos demasiado en pensar con detalle lo que realmente somos.

Este es su articulo, que a mi me parece muy bueno; que lo disfruten vuestras mercedes y saquenle partido, que es muy instructivo.

 

Esgrima Antigua: Un arte marcial.

A primera vista, puede resultar comprometido calificar al estudio de la Esgrima Antigua española, de los siglos XVI-XVII como un arte marcial, pero no es así. Si se observa detenidamente, podrá apreciarse que las características principales que cualquier arte marcial, reconocido como tal, están presentes en esta actividad.

En primer lugar, conviene acotar qué se entiende por arte marcial, y qué no. De esta forma luego será sencillo contrastar el modelo y el ejemplo concreto y ver que características están presentes y cuales ausentes. Así, ver en que medida afirmar que la Esgrima Antigua es un arte marcial de pleno derecho, es hablar con propiedad.

Partimos de la base de que el término “arte marcial” no está unívocamente definido, y que muchas veces es confundido incluso por personas supuestamente cercanas al ambiente. Hay varios términos adyacentes que en ocasiones pueden crear confusión entre aquellos que no han tenido tiempo de apreciar sus diferencias. Básicamente, deben manejarse tres: sistema de combate, deporte de combate y arte marcial.

Sin entrar en detalles precisos, el concepto de sistema de combate podría definirse como el conjunto de técnicas aplicables al enfrentamiento que aumentan la eficacia del combatiente y mejoran sus posibilidades de éxito y supervivencia. Desde este punto de vista hay sistemas de combate mejores y peores, en función de su eficacia. El entrenamiento militar que los ejércitos proporcionan a sus cuerpos de élite son sistemas de combate. Pueden apoyarse en el uso de herramientas, armamento, ó estar orientados a la lucha cuerpo a cuerpo sin armas. Algunos de los sistemas de combate “civiles” que pueden encontrarse hoy en día y que todavía son estudiados con la eficacia como principal objetivo derivan del “estado del arte” del enfrentamiento actual. En España, en que el uso de armas de fuego no está generalizado, los sistemas de combate que pueden estudiarse tienen que ver con el combate cuerpo a cuerpo y con armas blancas ó contundentes. Así, pueden encontrarse cursos de defensa personal, defensa policial, algunas variedades de jiu-jitsu, krav-maga,  algunas derivaciones de deportes de contacto, que han tratado de ser reconvertidos y algunas derivaciones de artes marciales tradicionales (orientales sobre todo), que son enseñadas enfocadas a la defensa (¿y ataque?) personal. En aquellos países en que las armas de fuego son más accesibles (también en España, pero en círculos restringidos), los sistemas de combate con armas están relacionados principalmente con el tiro (precisión, instintivo) y con las tácticas de “guerrilla” derivadas de la experiencia militar. Esto son sistemas de combate. Sistemas que tratan de reunir un conocimiento valioso para mejorar las oportunidades propias en el combate. No entran en cuestiones de índole ético, ni pretenden modelar el carácter ó promover la reflexión. Su máxima es “eficacia”.

Junto a los sistemas de combate, se sitúan y a veces se confunden, los deportes de combate ó de contacto. Su característica principal es la palabra “deporte”. Son actividades deportivas que, partiendo de un conjunto de técnicas de combate, originarias en su mayoría de las artes marciales, aunque no siempre, han establecido un sistema de reglas que permite plantear el enfrentamiento en términos deportivos. Aunque estos deportes puedan estar alejados de lo que algunos puedan considerar “deportivo” lo cierto es que su premisa fundamental es que están sujetos a reglas. Incluso los más despiadados encuentros entre contendientes que muchas veces ven seriamente comprometida su salud, tienen reglas. Así, muchas artes marciales consiguieron el reconocimiento mundial que ahora tienen llevando parte de su saber hacia las competiciones deportivas. En muchas ocasiones este “hijo” artificial de las artes marciales ha fagocitado a su padre, anulándolo hasta su extinción. En numerosos puntos del planeta se practica el judo ó el kárate, pero en muy pocos se enseña con objetivos que van más allá de la competición y las medallas. Esto no es ni bueno ni malo, es un hecho. En estos deportes de contacto se incluyen desde el full-contact hasta el muay-thai, desde el vale-tudo hasta el boxeo. Es evidente que cada disciplina tiene sus características y cada cual será de la preferencia de sus partidarios, pero todos ellos son deportes. Unos más duros y otros menos. El deporte se caracteriza por su tendencia a medir a los deportistas partiendo de unas condiciones lo más igualitarias posibles. Así, los deportes de combate tienen pesos para distribuir a los contendientes. Además establecen reglas que eviten algunos riesgos graves, o un desequilibrio excesivo. Por eso determinados golpes están prohibidos ó hay controles anti-doping. Si alguien tiene dudas sobre si algo es ó no un deporte puede preguntarse como consideraría la cuestión de que uno se presentara al combate con un subfusil automático que dispare 22 tiros por segundo. Si hay alguna regla que lo impida, es un deporte. Esto no desmerece en absoluto lo que la persona aprende practicando dicho deporte, ni que su capacidad de agredir o defenderse se ve modificada, sino que ayuda a enfocar cual es el objetivo de la actividad. En el deporte lo importante es ser el mejor. El valor del deportista está en la comparación con los otros contendientes, que lleva a identificar que contendiente es superior a los demás. Nunca he visto a ningún campeón de boxeo rechazar un trofeo porque su combate ha sido “feo” ó porque pensaba que su oponente era mejor pero ha tenido mala suerte. No. Las reglas son el universo del deporte, y más allá de ellas nada tiene sentido. Por abstrusas y rebuscadas que parezcan, por laxas y permisivas que aparenten ser. Su máxima es “ser mejor que los demás”.

Luego está el conjunto de las artes marciales. Tal y como están concebidas hoy en día, las artes marciales suelen ser artes marciales “tradicionales”. Con esto quiero decir, que las artes marciales “actuales” son realmente escasas. Para encontrar un arte marcial actual, tendríamos que buscar una actividad (ó conjunto de ellas) que pretendieran dotar al individuo de una capacidad de combate personal vinculada al éxito y la supervivencia, que utilizara aquellas armas y herramientas actuales, que pretendiera una formación integral como persona, que estuviera respaldada por un sistema de pensamientos profundo, no trivial, con cuestionamientos de la esencia de las cosas, en resumen una filosofía. Sería un sistema donde el desarrollo personal fuera de la mano del éxito marcial ineludible y con facetas de trabajo a nivel físico, mental y espiritual. Por más que cueste decirlo, estas artes marciales actuales no están al alcance del público, ni pueden practicarse. Este concepto de arte marcial actual está más cerca del agente secreto del gobierno, del terrorista, del militar, del guerrillero que del hombre de la calle. Aunque pertenecer a cualquiera de esos grupos no es garantía de que se maneje el concepto de “arte marcial”, si es cierto que ellos pueden actuar, en virtud de sus características, como guerreros que estudian la mejor manera de combatir, con un fuerte contenido intelectual desde el punto de vista de la trascendencia de una escala de valores, unos principios que respetar de los que derivan sus acciones, una especialización vinculada a las posibilidades y armas actuales y una necesidad de éxito, pues todo lo demás no es importante si no sobreviven, ellos ó sus causas.

Finalmente quedan lo que habitualmente se llaman “artes marciales tradicionales”. Por lo general son artes marciales que en su momento fueron actuales pero que ya han perdido vigencia. O bien fueron concebidas desde un principio como vehículo de trabajo personal, basado en la experiencia marcial, pero sin vínculo directo con su uso real. A veces han sido parte de las primeras, posteriormente reformuladas, intentando no perder la esencia que las hacía valiosas. Así, el judo tradicional posee características marciales mucho más acusadas que lo que puede verse hoy en la mayoría de los tatamis. Similares transformaciones se han producido en el aikido, en el kárate y en el jiu-jitsu, por nombrar algunas de las más conocidas. Conservan el espíritu y persiguen los mismos objetivos de dotar al practicante de un sistema de valores y actitudes, en todos los planos de la persona, pero han renunciado a la eficacia desde el punto de vista “actual”. No pretenden ser útiles en el sentido que lo son los sistemas de combate. Su utilidad está vinculada a la formación del carácter, la comprensión de la persona (propia y ajena) y el estudio del fenómeno marcial como vía de crecimiento y conocimiento personal. Por lo general estos y otros valores son transmitidos con el convencimiento de que mejoran a la persona y la hacen más capaz. De esta capacidad surge la libertad para elegir y para asumir las consecuencias de las propias acciones. No son bondadosas ni perversas, eso queda en el interior de la persona en todo caso. Lo que persiguen es el autodescubriemiento. Evidentemente este proceso de transformación no es externo a la persona. Se produce a medida que se practica, que se entrena. Por eso, este entrenamiento lleva, además, a adquirir capacidades que entran dentro de lo que otros podrían llamar “habilidades de combate” ó “defensa personal”. Pero esta transformación es más un efecto que una búsqueda. Si una persona hace deporte habitualmente, corre ó levanta pesas, esto le hace mejor “guerrero”, pero no por ello tiene que estar en su punto de mira cuando está corriendo ó trabajando con los aparatos. Si un aspirante a bombero levanta las mismas pesas que un deportista, no lo hace buscando lo mismo que el anterior. Concluyendo, la focalización del practicante hace que el método sea apropiado, complementario lo manifiestamente inútil. No tiene que ver con el arte. El arte marcial busca el éxito, originalmente en el combate (marcial) y, trasladado al ámbito del arte, esto deriva a que lo busque en su camino personal.

Así pues, ¿Dónde situar la Esgrima Antigua? ¿Es un sistema de combate, un deporte ó un arte marcial? Pues bien, no es un sistema de combate, porque está obsoleto y no tiene utilidad real actual, no es un deporte puesto que no basa su medida en las competiciones. No hay liga, ni equipos, ni trofeos, ni otras cosas. Creo que es un arte marcial, con todo derecho. Es cierto que una de las prácticas que se llevan a cabo tiene ver con una competición dentro de determinadas reglas. Pero no es su esencia. Tan es así que la primera regla es: uno es el primero en reconocer los propios “tocados”. No hay pesos para distribuir a los contendientes, no hay tiempo en los asaltos, no hay normalización en las armas, ni siquiera se lleva una cuenta precisa (o imprecisa) de los tocados… casi no hay reglas. Las justas para desarrollar el trabajo personal con seguridad, sin accidentes y poco más. Porque dichos enfrentamientos están más orientados al conocimiento personal, a la búsqueda de sendas de mejora, que a prevalecer sobre el otro. Es un enfrentamiento en el que se repite una y otra vez la intención de “tocar sin ser tocado”, no vale otra cosa y una vez que uno ha sido virtualmente atravesado, el resto del contexto no tiene valor: en el caso real no iba a contarlo así que… ¡¡ a quién le importa si el tipo pisó la raya cuando nos atravesó de parte a parte !!

Tiene las principales características de un arte marcial: una disciplina que aprender, un conjunto de principios de combate de los que deriva en cuerpo de las técnicas, una extrapolación de dichos principios a un sistema de valores y pensamientos, más profundos que permiten una aplicación a la vida diaria. Además modela el carácter en la medida en que nos hace descubrirnos a nosotros mismos, fomenta la relación respetuosa con otros compañeros, tiene una etiqueta que ayuda a estimar en su justa medida las herramientas de apoyo a las relaciones interpersonales, fomenta la humildad del aprendizaje constante y sin fin, fomenta la solidaridad en la compartición del saber propio con los compañeros de grupo, crea camaradería, respeta la esfera personal de quienes la practican, hace que personas que no se relacionarían por sus diferentes ámbitos sociales, culturales, económicos, de edad, lo que amplía la visión de todos y eleva el valor del grupo. Y además de esta convivencia, que ya es educativa, existe todo un sistema de valores propio, similar al de otras artes marciales tradicionales, que fomenta el espíritu de sacrificio, la disciplina, el valor de la vida, las consecuencias de los propios actos, etc…

Por tanto la Esgrima Antigua es tan “arte marcial” como pueda serlo el kárate ó el aikido y quizá mucho más que otras. La base técnica es el conjunto de conocimientos de esgrima recogidos bajo los epígrafes de “destreza” y “destreza vulgar”, pero esto no es una base cerrada. Los menciono aquí porque son los que yo he conocido, en primer lugar. Los trabajos de espada medieval de mano y media, así como de otras escuelas sirven tanto como los distintos estilos de kárate ó de jiu-jitsu.

Por supuesto que es posible hacer actividades de esgrima y no hacerlo desde un punto de vista como éste, pero eso es una cuestión de enfoque personal. La actividad, en sí misma, dá para eso y para más. Aún así, el primer lema de la ingeniería es “no hay nada a prueba de tontos” y eso reza para cada actividad del ser humano. Sin excepción.