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Mantenimiento de las armas

Las espadas de entrenamiento también tienen su propio mantenimiento, que deberíamos procurar seguir para conservarlas en el mejor estado posible durante mucho tiempo.

Afortunadamente estas armas son muy sufridas, y las operaciones de mantenimiento muy sencillas, por lo que apenas nos costará ningún esfuerzo conservar nuestras espadas adecuadamente.

Lo más recomendable es hacerse un pequeño “Kit” de mantenimiento que transportaremos en la saca de armas (que suelen tener varios bolsillos suplementarios) para usarlo cada vez que terminemos el entrenamiento, y antes de guardar las espadas les daremos un pequeño repaso que nunca nos llevará más de uno o dos minutos.

Los problemas que suelen aquejar a nuestras espadas son el óxido, las mellas de la hoja, el deterioro del cuero de las empuñaduras, la rotura de los botones o tapones de goma de las puntas, y las holguras entre las piezas de la guarnición.

Para que la espada no se oxide tras haber sido usada y manoseada en clase (lo que más rápido la corroe es el  sudor) bastará con aplicarle una leve capa de aceite mineral cada vez que la vayamos a guardar.  Hay varios diferentes que nos pueden servir para tal propósito, y que se venden en sprays de muy cómoda aplicación, como por ejemplo el Ballistol, el WD-40,  el  en 3 en 1, o el aceite de máquinas de coser. Rociamos con el aceite un trapo, y se lo pasamos a todas las partes metálicas de la espada, sin olvidar el interior de la cazoleta en las Roperas, y todas las ramas de sus guardias y puentecillos.
En las espadas medievales el óxido suele aparecer antes en los pomos y la parte inferior de los arriaces, es decir donde hay rozamiento con los guantes, así que  prestaremos especial atención a éstas zonas.

Si apreciamos cierta “suciedad” en la hoja o guarnición, podemos adecentarla con pulimento líquido, como el que se usa para las carrocerías de los coches, que no es otra cosa que una lija líquida muy fina y útil sobre todo para lustrar y quitar porquería superficial.
Si ya empieza a hacer su aparición el óxido tendremos que lijarlo, y para ello lo más accesible es un “Scotch-Brite” verde, que resulta poco agresivo con la hoja, elimina bastante eficazmente el óxido superficial, y podremos encontrar en cualquier supermercado. Tras frotar con el estropajo, podemos aplicarle al mismo un poco del aceite mineral y volver a frotar, para dejar la hoja más pulida.  
En casos de óxido más profundo serán necesarias lijas más bastas y otros medios más agresivos que lógicamente afectarán más el aspecto y acabado de nuestra hoja, por lo que deberíamos evitar que la corrosión llegue a éste nivel y eliminarla en cuanto veamos cualquier vestigio.


Las mellas que salen en nuestras sufridas hojas pueden formar rebabas peligrosamente cortantes y es necesario rebajarlas limándolas cuando las detectemos. Cualquier lima de metal fina nos sirve para éste propósito, y en este caso recomiendo hacer la operación en casa, donde podamos sujetar cómodamente la espada a algún elemento fijo, como una mesa.  Nada nos impide, desde luego, llevar en nuestra saca una pequeña lima (No, las de uñas no valen) para darle unas pasaditas a la hoja en la misma sala, aunque sea más engorroso.

Las empuñaduras forradas de cuero sufren daños por rozamiento, cortes y golpes diversos, y porque se terminan despegando con el uso.
 Para que el cuero no se quede seco y comience a cuartearse lo tradicional es aplicarle grasa de caballo o sebo, que lo mantendrá flexible, aunque lo normal en el caso de nuestras espadas es más bien que se despegue o se raje por los golpes que va recibiendo. Si nos sucede esto, la solución más inmediata es aplicarle al cuero cola blanca de carpintero, especialmente en aquellas zonas levantadas o desgarradas. La cola blanca apelmazará de nuevo el conjunto y dejará el cuero con un tacto terso, sobre todo si después lo cepillamos un poco.

Los botones de goma que aplicamos a las puntas de las espadas tienen una vida limitada, e inevitablemente se acabarán rompiendo y dejando asomar la punta de la hoja.  Cada vez que vayamos a entrenar deberíamos verificar que el capuchón de goma sigue “operativo” y no le vamos a clavar al compañero una punta de acero en las costillas.
Los botones se colocan sobre la hoja y se envuelven con cinta americana u otro tipo de cinta adhesiva. Lo que más resiste la mala vida que se llevan estos elementos es el clásico esparadrapo de tela,  que es muy resistente a la abrasión y suele llevar un pegamento bastante potente.
Para evitar que los botones se salgan con facilidad de la punta, resbalándose, recomiendo envolver la punta de la espada con un par o tres de capas de esparadrapo para engordarla un poco antes de colocar el botón, de forma que éste entre a presión.
Además, esto acolcha un poco el impacto de la punta sobre el interior del botón y reduce su desgaste.
Un truco para que nos duren mucho más los botones consiste en introducirles dentro, antes de ponerlos en la espada, una pequeña tuerca colocada de plano en el fondo del botón, de forma que la punta de la espada apoye en el hueco de la rosca de la tuerca. Esto repartirá la presión de cada estocada en la superficie frontal del botón e incrementará  su vida útil hasta el doble, normalmente.

Por último, para evitar holguras en aquellas guarniciones que van sujetas con tornillos a nuestras espadas, como las de las roperas de taza, lo habitual es cambiarles las tuercas por otras autoblocantes, o ponerles alguna arandela groover que impida que se aflojen. Tarde o temprano tendremos que sacar el destornillador y darles un reapriete,  pero con éste sencillo cambio en las tuercas podremos aplazar esta operación bastante tiempo.

Si la holgura se ha producido entre los elementos de la guarnición, como la empuñadura y el pomo, podremos calzarlos con arandelas tras desmontarlos, poniendo cuidado en colocar siempre otra groover la última para evitar que el conjunto se vuelva a aflojar fácilmente.  En los casos de holguras en espadas medievales con pomos remachados, la cosa se complica y normalmente deberemos acudir al taller del armero para que las calcen o las remonten. No recomiendo intentarlo en caso salvo si tenemos alguna experiencia o somos especialmente mañosos.

En resumidas cuentas, el pequeño Kit de mantenimiento que deberíamos llevar se reduciría al aceite, un trapo para aplicarlo, una tira de scotch-brite verde, algún botón de recambio, el esparadrapo para sujetarlos, y si lo deseamos un destornillador para reapretar las guarniciones.

Gracias por llegar hasta aquí, espero que el artículo os sea de utilidad.

Oscar Torres.