Una vez que hemos conseguido nuestra apreciada (y cara) espada de entrenamiento lo primero que solemos pensar es en usarla y disfrutarla, y en ocasiones se nos olvida que también hemos de cuidarla convenientemente para que se conserve en el mejor estado posible durante mucho tiempo. En este artículo explicaré qué se necesita para mantener nuestras armas correctamente, que tampoco es tanto.
La práctica totalidad de las espadas de entrenamiento o réplicas históricamente correctas son de acero al carbono, que resulta fácilmente oxidable. Sólo la firma Lancaster Armouries construye espadas fiables de entrenamiento de acero inoxidable, que apenas requerirán cuidados por parte de su dueño. El Acero al carbono se puede oxidar por mojarse con agua o sangre, por el sudor, que contiene mucha sal, o sencillamente por la humedad ambiente. Lo de oxidarse si se moja es evidente, y no necesita más explicación, y lo del sudor es más común de lo que creemos, pues en cuanto se toca con los dedos la hoja desnuda le estamos dejando una fina película de sudor que corroerá el metal. Se debe evitar en lo posible tocar la hoja con las manos desnudas, y por supuesto no dejar que los eventuales curiosos o mirones la toquen. Aunque nos creamos que no estamos sudando, oxidaremos la hoja al tocarla, creedme. He visto algunos casos en los que la hoja tenía unas manchas de óxido que eran perfectas huellas digitales. Si durante el transcurso de un entrenamiento nos vemos obligados a tocar la hoja por la razón que sea, tampoco hay que preocuparse, pues bastará con pasarle un trapo y engrasarla para evitar el óxido. Con respecto a la humedad ambiente, si alguno de los lectores ha estado en la costa no tengo nada que contarle ¿Verdad?. El salitre corroe todos los metales con una velocidad pasmosa, y en ocasiones aunque sean inoxidables o estén pintados, aprovechando cualquier descascarillamiento en la pintura para atacar el metal. En las zonas más secas, también tendremos humedad ambiente, sobre todo en invierno, por lo que hay que recordar tener siempre engrasadas las armas.
Para procurarle estos cuidados a nuestra espada, podemos recurrir a varios productos, que tienen diferentes funciones como veremos a continuación.
En primer lugar, lo mejor para engrasar una espada es el aceite mineral fluido. Existen varios aceites bastante apropiados para esto, pero el mejor puede ser el aceite para armas de fuego. Se puede obtener en armerías y tiendas de deporte, y asegura una correcta protección durante meses. En segundo lugar, está el aceite WD-40, muy utilizado en talleres de mecánica. Se trata de un aceite muy fluido que tiene multitud de aplicaciones, como el 3 en 1, (son del mismo fabricante) pero que tiene la particularidad de disponer en su composición de un disolvente suave que limpia con eficacia todas las huellas y porquería que pudiera tener nuestra espada de una sola pasada, al mismo tiempo que la deja perfectamente engrasada. Se suele vender en sprays de diferentes tamaños, aunque también lo podremos encontrar en bidones de dos o cinco litros. Es muy fácil de encontrar, y lo podremos adquirir en cualquier gran almacén, aparte de en ferreterías o tiendas de repuestos. También es muy fácil de usar, pues al ser muy fluido (parecido al aceite para máquinas de coser) basta una ligera rociada para dejar engrasada toda la hoja, tras pasarle suavemente un trapo. Eso sí, hay que tener en cuenta que este aceite sólo es recomendable en el caso de que usemos esa espada con cierta asiduidad, porque el mismo disolvente que nos ayuda a limpiar las huellas, hace que el aceite se evapore en el plazo de un par de semanas, así que cuidado.
Si necesitamos conservar sin mácula una espada que no se vaya a tocar en mucho tiempo, tendremos que utilizar otros medios. Lo más fácil y económico es la grasa consistente. En cualquier ferretería encontraremos fácilmente tubos de grasa de litio, o de bisulfuro de molibdeno, muy baratas. Con un tubo de estas grasas tenemos para engrasar una espada unas doscientas veces, así que suelen ser una buena inversión. Para utilizarlas lo suyo es poner una pequeña cantidad en un trapo o directamente en la hoja y darle unas cuantas pasadas hasta tenerla toda untada, tras lo cual le pasaremos un trapo o papel limpio para eliminar el sobrante y dejar sólo una fina capa, pues si no la hoja quedará del color de la grasa (gris oscuro o amarillo) y de todas formas basta con esta capita para evitar el óxido "ab eternum". Estas grasas no se irán de la hoja hasta que las quitemos aposta.
Otro producto magnífico para este cometido es la llamada "cera del renacimiento". Se trata de una cera que se vende en tarrinas y que está pensada precisamente para esta función, por lo que en realidad es el mejor de los posibles potingues que podríamos usar. Se aplica igual que la grasa, mediante un trapito y frotando, y una vez aplicada no se irá hasta que nosotros queramos, dejando la hoja perfectamente conservada. Una de esas tarrinas nos sirve también para docenas de aplicaciones, así que sale relativamente barata, y digo relativamente porque este producto, al ser más especializado, también es el más caro y difícil de conseguir con diferencia. Tendremos que recurrir al internet para poder comprarlo, a no ser que conozcáis a alguien que lo venda.
Os hablaré ahora de otro producto bastante útil, el pulimento líquido: En este caso se trata de una pasta blancuzca bastante líquida que está compuesta por millones de pequeños granitos, y que ejercen de lija extrafina. Como su nombre indica, el pulimento líquido sirve para pulir y sacar brillo a los metales o las superficies pintadas, eliminando los rastros de suciedad y además disimulando bastantes rayajos. A nosotros nos irá bien para limpiar en profundidad tanto la hoja como la guarnición y el pomo de nuestras espadas, sobre todo si éstas son de latón. El pulimento líquido deja cualquier superficie de metal perfectamente limpia y reluciente, sea éste acero, plata, oro, latón, cobre o lo que sea, pero no se suele utilizar para los metales preciosos porque es abrasivo, aunque a muy pequeña escala. Desde luego, podemos aplicárselo a una espada miles de veces sin que deteriore lo más mínimo el metal o su acabado, y para notar su efecto abrasivo deberíamos aplicarlo a alguna superficie pintada, como la carrocería de un coche, un par de cientos de veces al menos y notaríamos que el color se ha apagado o desvaído un poco. Es decir, nada que no haga el mismo Sol en unos años. Recomiendo que de vez en cuando, una vez al mes por ejemplo, limpiemos nuestra arma con pulimento antes de engrasarla, para conservarla con el aspecto y acabado que tenía de nueva el mayor tiempo posible. En el caso de las espadas con guarnición de latón, esto se nota muchísimo, puesto que, como sabemos, el latón se oscurece y queda mate con el tiempo y en cuanto lo tocamos un par de veces. Si le aplicamos pulimento, recuperará el color y el brillo del primer día fácilmente. El pulimento se usa aplicándolo a la pieza a pulir, y frotándolo con un trapo. Cuando lo estemos frotando es cuando realmente estaremos puliendo el objeto en cuestión. Una vez echo esto, el pulimento que queda en la pieza tiene un color blanquecino mate, de modo que cogeremos otro trapo limpio, y con él frotaremos otra vez hasta quitar los restos de pulimento de la pieza y observar cómo vuelve a brillar. El pulimento líquido se puede obtener en cualquier droguería, y un bote sirve también para muchísimas aplicaciones. El que uso yo es de la marca Titanlux y es bastante barato.
En resumen, lo que se recomienda es engrasar con aceite fluido la espada cada vez que la usemos, o con cera o grasa si no la vamos a usar en mucho tiempo, y una vez al mes darle una pasadita con el pulimento líquido para volver a dejar brillante y libre de suciedad la espada entera, sobre todo si la nuestra tiene la guarnición de latón.
Casi todas las firmas que producen espadas de entrenamiento las suelen hacer al modo tradicional, es decir, con el pomo remachado en la espiga, sujetando también del mismo modo la empuñadura y la guardia. En este caso suele ser muy raro que la montura nos dé problemas, y normalmente aguantan lo que las echen, pero como todo es susceptible de avería, cabe la posibilidad de que con el tiempo y los continuos golpes se nos afloje la montura. Lo notaremos porque la guardia y la empuñadura habrán cogido algo de holgura y bailarán o vibrarán al usarlas. Aunque esto no interfiere en el correcto "funcionamiento" de nuestra espada, lo cierto es que resulta bastante molesto. Este inconveniente se puede solventar fácilmente de la siguiente manera: Necesitaremos un taco de madera resistente, de al menos 10 x 10cm de lado, un taladro, un martillo de bola y un tornillo de banco. Cogeremos el taco de madera, y le haremos un taladro de al menos el tamaño que tenga la parte de la espiga que asoma por encima del pomo de nuestra espada. Una vez echo esto, sujetaremos la espada en el tornillo de banco verticalmente, por la hoja y con la empuñadura hacia arriba. No debemos olvidar ponerle unas "cachas" de madera o cartón al tornillo de banco para evitar marcar la hoja de la espada. Una vez sujeta, colocaremos el taco de madera sobre el pomo, de manera que el taladro coincida con la espiga y la deje camino libre, y procederemos a golpear el taco con la cabeza plana del martillo. De esta forma ajustaremos de nuevo todas las partes de la empuñadura de nuestra arma. Cuidado con golpear con demasiada fuerza o podríamos resquebrajar la madera de la empuñadura. El siguiente y último paso será retirar el taco y, sirviéndonos de la bola del martillo, volver a batir la espiga hasta que quede perfectamente ajustada al pomo. Esto no revestirá mayor dificultad, pues la espiga no estará templada como el resto de la hoja y resultará maleable.
En caso de poseer una espada con el pomo enroscado sobre la espiga, lo más recomendable será desenroscarlo y extraerlo de la espada, para luego darle una capa de pegamento de secado lento Araldit. Este pegamento se presenta en un "blister" en el que encontraremos dos tubos de productos diferentes, una pequeña espátula y una lámina de plástico. Ambos productos deben ser mezclados en la misma proporción encima de la lámina de plástico y removidos con la espatulita hasta obtener una masa homogénea. Una vez conseguida, con la espátula aplicaremos una capa del producto a la rosca del pomo y también a la de la espiga, así como a la parte de la empuñadura que toque con la parte inferior del pomo, y volveremos a enroscar de nuevo el pomo, cuidando de apretarlo bien y de dejarlo perfectamente alineado con la guardia. Seguramente rebosará un poco de pegamento al apretar, pero lo podremos retirar con un trapo sin problemas, pues hasta que no pasa una hora no se comienza a quedar duro. Este producto tarda sus buenas 24 horas en quedar listo, pero si se le aplica calor endurece mucho más rápido y de paso queda más resistente, así que lo recomendable sería dejar la espada encima de un radiador o cerca de alguna estufa durante una noche. El Araldit de secado lento es un producto muy resistente, y además elástico, no rígido como el Loctite y otros pegamentos de cyanocrilato, de modo que resiste mucho mejor los golpes y vibraciones que sufrirá nuestra arma, y puedo asegurar que será muy difícil que el pomo se nos vuelva a aflojar nunca.
Otra operación de mantenimiento que deberemos realizar en nuestras espadas es limar las melladuras de la hoja. Con el uso y el choque con otras armas, la hoja se irá mellando irremisiblemente, y estas melladuras pueden llegar a resultar peligrosas sobre todo para los demás. Los golpes más potentes dejarán una mella en el filo con el metal levantado y retorcido hacia atrás, que puede enganchar y desgarrar fácilmente la ropa y la piel de nuestro contrincante, de modo que cuando la hoja de nuestra espada parece la dentadura de un tiburón, deberemos limar estas mellas para evitar accidentes. Bastará con unas pasadas de una lima de metal no muy basta para redondear el filo y eliminar las rebabas cortantes. Con el tiempo y el uso, los "filos" de la hoja irán quedando más anchos y serán menos susceptibles de producir melladuras como éstas.
Si aplicamos los consejos que he dado antes, nuestras armas jamás se oxidarán, pero si esta advertencia llega tarde, hemos de saber que el óxido se puede quitar fácilmente. Si la hoja de nuestra espada es de acero inoxidable, también tendremos en cuenta que no es totalmente inmune al óxido, sólo bastante más resistente, así que no se la puede descuidar totalmente. Bastará con que de vez en cuando le demos una pasada con algún desengrasante, como el KH-7 o el Fairy para quitarle los restos de suciedad y sudor, y después le demos un poco de aceite mineral. Esto reza tanto para la hoja como para el pomo y la guardia.
Si ya existe óxido en la espada, lo podremos eliminar frotándola con lija de agua y aceite o agua para lubricar. La lija de agua es un lija de grano muy fino que se puede adquirir en cualquier ferretería, y que usada junto con algún líquido lubricante deja desprender los granos que la componen para formar una pasta esmeril muy fina y suave que eliminará cualquier resto de óxido sin atacar mucho nuestra hoja. Esta operación dejará el metal con un acabado mate, de modo que para volver a dejarlo brillante podremos pulirlo aplicándole diversos métodos. El más fácil es volver a darle con la lija de agua pero sin usar ningún lubricante, lo que dejará ya un acabado aceptable. También se puede frotar con algo tan común como un Scoth-brite o un "nanas" de laminillas metálicas para obtener un acabado más refinado. Estos trucos pueden servir también para eliminar un principio de óxido (ojo, solo si es muy leve) antes de que se "agarre" definitivamente a nuestra hoja. Existen también unos cepillos de pulir que son capaces de dejar cualquier superficie metálica como un espejo, consistentes en una serie de cepillos de cerdas o tela basta con un aplique para poder acoplarlos a un taladro. Estos cepillos se usan junto con pasta de pulir (no confundir con el pulimento líquido) que a su vez tiene diferentes grados de finura, para ir progresivamente puliendo el metal hasta conseguir el acabado deseado. Esto sin embargo tiene un inconveniente grave, aparte del evidente costo de tener que comprar varios cepillos y pastas de pulir, y es que es muy sucio de usar, puesto que el taladro expele el polvillo que vamos sacando de la pieza por todas partes, y puede dejar una habitación hecha unos zorros, de modo que o disponemos de un lugar al aire libre donde hacerlo, o lo encargamos a algún taller donde nos lo puedan hacer sin molestias para nosotros, aparte de pagarles, claro.
Esto que acabo de explicar es para aplicarlo con nuestras espadas de entrenamiento, claro. Que a nadie se le ocurra la peregrina idea de liarse a lijar o pulir una antigüedad si no quiere ver reducido su valor considerablemente. Estos objetos de colección deben ser manipulados por expertos.
Aunque algunas espadas se sirven con fundas de cuero, y posiblemente tendremos una para la nuestra, debo aclarar que si queremos conservar la espada un largo período de tiempo lo correcto es dejarla fuera de la funda, porque el cuero deteriorará la hoja con el tiempo. En el curtido y tratamiento del cuero se emplean una serie de productos químicos que atacan el metal, y que están irremisiblemente impregnados en los poros del cuero, de forma que si dejamos varios meses la espada en la funda nos encontraremos con óxido y suciedad misteriosos que proceden de su propia funda. Si usamos con frecuencia nuestra espada no ocurre nada, porque sencillamente iremos renovando la capa de aceite y esto impedirá que el cuero la ataque. Si no usamos el arma, pero nos empeñamos en tenerla en su funda, podemos intentar impregnar de aceite el interior de la funda, para que éste también se introduzca en sus poros y ayude a la conservación del arma.
Por último, no debemos olvidar las armas de madera, pues ellas también tienen su mantenimiento. Las espadas de madera, sean "Wasters" o "Bokkens", sufren una vida dura, y por supuesto se pueden astillar y romper si no las cuidamos convenientemente. El mayor problema de la madera es la sequedad, y si dejamos nuestro "waster" mucho tiempo sin lubricar es cuando empezará a astillarse y se romperá. La madera necesita cierto grado de humedad para conservarse flexible y consistente, y lo más adecuado para dársela es el aceite de Linaza. El aceite de linaza lo podremos obtener muy barato en cualquier droguería, y una vez aplicado en la madera, se introduce entre sus vetas humedeciendo y dando consistencia a la misma. Deberíamos aplicar aceite de linaza a nuestra espada de madera cada vez que la usemos, lo que además de dificultar mucho el que se rompa, irá haciendo que la madera esté cada vez mejor lubricada y pese más, pues el aceite que se va absorbiendo permanece en sus poros y le da consistencia. Así conservaremos mejor nuestra arma y conseguiremos poco a poco que tenga el mismo peso que una de metal, con lo que se convertirá en el perfecto sustituto para entrenar.
Bueno, con esto doy por terminado este artículo. Como siempre, si tenéis alguna duda o queréis preguntar sobre algo que no haya aparecido en este texto y echéis de menos, podréis consultarme en mi dirección de correo electrónico y os responderé lo más rápido y preciso que pueda y sepa.
Gracias por vuestra atención y espero que estos consejos os sirvan para algo. Hasta la próxima.
Oscar Torres Carrasco.
Asociación Española de Esgrima Antigua
Oscar@EsgrimaAntigua.com